Adiós mi viejo amigo

Te fuiste un día 25 de Enero del 2008, en mis brazos bajo un despejado cielo, más azul de lo normal, con una brisa fresca en el pueblo de Huasco.

Desde hace algunos días que estabas grávemente enfermo, mi preocupación y frustración iban en aumento. ¿Qué tenias? ¿Como te podía ayudar?… si lo ubiera sabido en ese entonces, tampoco ubiera servido de nada. Él te llamó y ni tu ni yo pudimos contra eso.
Como tu, por mi vida han pasado y se han ido muchos otros, algunos sin pena ni gloria, otros dejando un gran vacío. Algunos muertos a sangre fría en el sentido eutanásico de la palabra, otros por accidentes, otros por algún motivo, pero tu fuiste distinto. Ñoki tenía que sobresalir.

No quería que te fueras aunque eso significara sufrimiento físico para ti… No lo demostraste nunca viejo amigo, nunca demostraste dolor, nunca gritaste, nunca lloraste… te mantuviste, debil, caido, pero te mantuviste con tus lindos ojos abiertos, siempre mirandome y reflejando mi triste mirada de resignación, mientras me caían algunas lágrimas aquella tarde especial.

“Aguanta ñoki, no me hagas esto, tu no viniste acá para esta weá…” fueron las primeras palabras y pensamientos cuando te encontré tirado en el pasto lleno de moscas, con una debil respiración. Te levante, ya no pesabas nada… tus días sin comer se notaban en todo tu ser. Te lleve hasta la sombra y puerta de mi patio, me senté y te abracé, puse tu cabeza sobre mis piernas y nos miramos durante horas… algo me decía que debía estar ahi contigo, algo me decía que el fin estaba llegando para ti.

Te hablé en voz baja durante todo el rato, espantando a las malditas moscas que querian apoderarse de tu debil cuerpo, aun respirabas y me mirabas con dolor, sé que no te querías ir y se que a su vez te dolía quedarte… hiciste lo que pudiste viejo amigo, lo sé, lo vi.

Rondaban las cuatro de la tarde cuando mis manos sobre tu cuerpo comenzaron a sentir que algo andaba mal, que lo que ya habia aceptado estaba por venir… ya hace varios minutos atrás aquellas palabras de ánimo se habían transformado en palabras de despedida… estábamos tu y yo en tu lecho de muerte, no tenias fuerza ya para respirar… nos miramos, apestabas pero no me importaba… Te estremeciste fuertemente, y de la nada te llegó un golpe de energía, moviste tus pies como siempre lo hacías y me moviste tu cola por última vez, creo que era tu señal de despedida.

Ñoki… solo tu nombre pude decir ante eso… adiós amigo. Te amo.

~ por Chris Reiben en Enero 28, 2008.

2 comentarios to “Adiós mi viejo amigo”

  1. que fuerte amigo, te entiendo, chau ñoki cuidate hermano

  2. Todos los seres de buen corazón siempre tienen a un amigo como “Ñoki” en su memoria, salud por él y por todas aquellas mascotas que nos entregan su amistad verdadera y que muchas veces no sabemos apreciar.

Escribe un comentario