De vuelta.

Bueno, una vez más aquí estoy con el mismo síndrome que me aqueja desde niño: Abandonar algo y -con un poco de suerte- retomarlo meses después. Desde el verano que no escribo en este rincón y casi en ninguno.

Bueno, es Invierno y se viven tiempos difíciles aquí en Santiago de Chile, me gustaría hacer un resumen de las cosas que me han pasado desde que entré a clases y de los efectos secundarios que me han ido dejando. No se preocupen, trataré de hacerlo entretenido:

Verano del 2008

El año comenzó con el nacimiento de los problemas que me achacarían a futuro. Tuve la genial idea de volver a Chatear con Fabiola, mi ex compañera de curso que me gustaba desde 3ero medio y que aun no podía olvidar. Les resumiré la historia de Fabiola: Era mi mejor amiga (aunque solo hablábamos por chat a pesar de ir en el mismo curso… cosas de adolescente) hasta mitades de cuarto medio donde su pololo le exigió que me dejara de escribir por “celos”… Yo me emputecí, me masacré por dentro y me mordí los dientes de la furia, estaba perdido, solo, y lo único que me importaba se había ido de la manera más cruel y repugnante. Supe lo que de verdad es odiar y amar a alguien al mismo tiempo, me afectó. De todo ese dolor tuve que sacar fuerzas para salir adelante con lo que quería hacer al acabar con 4to medio, logré salir de Huasco, llegar a Santiago, entrar a la Escuela… Pero su fantasma siempre me rondó por dentro a pesar de que a ella todo eso se le halla olvidado.

El reencuentro fue frío, poco emotivo… y tuve que hacerme solo el que quería saber como estaba, mis planes eran otros y los iba a realizar a como de lugar y cueste lo que cueste… me costaría más caro de lo que pensaba pero valió la pena. Pero las cosas no solo se remitían a esta tipa.

Conocí a un chico por Internet, iniciamos un proyecto de foro virtual para futuros audiovisualistas y estudiantes de cine. Él tenía una amiga… Días después la conocería. una tipa de 17 años (por chat, si, soy un ñoño), de nombre Paula (sí, daré nombres y todo, al diablo con ellos). Mierda, era todo lo que deseaba en una mujer, y encima estaba loca, rebosaba alegría y sensualidad punk por sus poros… no es que los punks me gusten pero era algo nuevo. Y las cosas se dieron, una vez más iniciaba algo virtual con alguien que no conocía en persona. Creí que esos días habían acabado hace tiempo… me equivoqué, sigo siendo un ingenuo.

Al menos me sirvió para estar alegre unos cuantos días, ya que todo fue muy rápido. La promesa de conocerla una vez de vuelta en Santiago me daba ánimos para levantarme por las mañanas. Mientras yo saltaba de felicidad, mi perruno compañero, Ñoki, comenzaba a incubar una enfermedad que se agravaría con el tiempo. Las cosas con Paula comenzaron a ir por un camino extraño, su alegría e insensatez adolescente nos jugó una mala pasada y de paso aprendí la lección del mes: Una mujer joven NUNCA estará realmente segura de lo que siente aunque así lo diga, NUNCA deberás encariñarte con una y SIEMPRE deberás creerle solo hasta la mitad. De paso los punks apestan, y las chicas punks apestan el triple… lecciones de vida que se aprenden por chat. Sí, querido lector, ella había cambiado de opinión. En sus palabras el miedo a la soledad, el destello de la oportunidad y la incertidumbre además de la extrañeza de las circunstancias le jugaron una mala pasada en su subconsciente que desencadenó en un sentimiento de cariño falso hacia mi persona. Pero por lo menos se dio cuenta. Ella se iba de vacaciones y un día antes me decía la verdad. Yo triste, miro hacia el lado y mi perro Ñoki muere. Las cosas no podían ir mejor.

Las cosas con Fabiola seguían igual de mal que siempre, la frialdad de sus palabras me desánimo a seguir con mi objetivo durante un tiempo. Me dediqué a lo que más podía hacer: ir al gimnasio, ver películas, chatear con los pocos que quedaban… escribir este blog.

Sin darme cuenta llegaría el día del aftermath con Paula, un mes después ella volvería de sus vacaciones, era finales de febrero del 2008 y la saludé, quizá con la fugas esperanza de que las cosas cambiaran, pero no, y no tardé en darme cuenta. Paula había firmado su sentencia de muerte para mi y gracias a Dios que conmigo duró menos que un candy. No me provocó mayores problemas.

Paralelo a todo esto los problemas familiares no se hacían esperar, pero no te creas, no me llevo mal con mis padres como los pendejos. El problema fue que a mi padre le vino una caída de salud gracias a su problema a la próstata. de los 3 meses que estuve allá, 2 se la pasó hospitalizado o en casa orinando por una sonda sin poder hacer nada. Mi padre sufría y yo también, por él, por mi, por Ñoki, por todo… Pero seguía adelante.

El día de mi partida a mi papá le dieron de alta, al fin lo pude ver bien y me fui sin preocupaciones, de vuelta a Santiago a mis labores de estudiante. Eran los primeros días de marzo.

Llegó el día de partir de mis vacaciones en Huasco y volver a Santiago. Había sido un verano de mierda y lo sabía, no creí que me esperara nada mejor, el año ya había empezado pésimo y no veía como éste podía mejorar.

Fabiola comenzó a hablarme más seguido (supongo que se aburría). Vi la oportunidad para retomar el objetivo que tenía ya planteado y estaba listo para ejecutar: Decirle todas las cosas que me había callado desde que dejamos de hablar. Eso incluye todos los sentimientos de amor y odio que me provocó y todo el daño que me hizo… algo poco saludable: abrir mi herida y refregársela en la cara para que se manche con mi sangre. Lo hice… pero eso ya es otoño.

~ por Chris Reiben en Julio 13, 2008.

Una respuesta to “De vuelta.”

  1. Que verano más interesante el tuyo. El mío fue como todos los veranos que he tenido, son todos los días iguales, con sol pero no soleados.
    Otoño otoño!

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