Chris Reiben Memories: O como el Ipod puede colarse en la confesión de un corazón roto.
Madrugada del sábado 26 de Julio – Año 2008
Vacaciones de invierno. Huasco.
Aun no puedo sacarme de la cabeza la imagen mía en la escalera del metro. Acababa de despedirme de ella para siempre y necesitaba decir BASTA. Hace unos momentos tomaba de los hombros y besaba en la mejilla a la chica que me recordaba que las relaciones físicas no son lo mio. Estaba perdido y en ese momento en franca retirada de tropas como cual soldado ve toda su causa perdida y debe huir cuando lo único que le queda es su vida propia. No voy a morir por amor, no el día de hoy. Basta.
En esa escalera podía perfectamente hacerme el duro, bajar e irme en metro como si nada ubiera pasado, o hacerme el que no está afectado, o nosé… Pero quería quedarme ahí inmobil, recordarme que aun soy humano y que aun puedo saborear la derrota, que aun puedo sacar el lado bueno de las cosas malas. La gente bajaba, pasba a mi lado y seguia. Seguramente mis problemas le importaban una mierda a todos en ese momento, pero en ese lugar rodeado de gente estaba completamente solo, ya no quedaba nada más que avanzar, junto a nadie sino yo mismo. Puedo decir que ahí me reencontré con Chris Reiben.
Nos abrazamos y miramos atrás, nos dimos cuenta que esta la habiamos peleado y perdido juntos, aunque no nos habiamos visto hasta ese momento.
Debieron haber pasado como 5 minutos de mirar fijamente a un ladrillo de los tantos de aquel muro cuando espabilo a sacar mi MP3 (que no es un Ipod, odio los Ipod y todo lo que representan) y comenzar a desenredar el cable de los audifonos de la manera más lenta y torpe que pude encontrar. Recordandome a mi mismo que tenia que recoger mis pedazos e irme en silencio a mi depto, luego a mi hogar.
Y aquí estoy.




mmm… con razón no te vi en el andén de enfrente