Francisca
Francisca, joven de 21 años. Hija de una familia humilde que en un principio vivían en el pueblo de Lota, 8va región. Su padre la abandonó a ella y a su madre cuando Francisca tenía solo 4 años, debido a esto y a todas las deudas que dejó el padre, La madre de Fran, muy dolida decide mudarse a Santiago y vivir con su hermana mayor en una pequeña casa de la comuna de Recoleta. Le inculcaron desde pequeña el menosprecio al hombre como ser humano.
La tía de Francisca era una mujer separada de mediana edad muy atractiva y coqueta, criaba a muchos gatos dentro de la casa y siempre andaba con distintos tipos mayores de quienes solía depender económicamente (no confundir con prostitución). Era todo lo contrario a la Madre de Fran, una mujer trabajadora y sumisa por naturaleza, quien no era para nada agraciada en su aspecto físico, tenía sobrepeso y facciones poco atractivas tanto de cara como de cuerpo. No solía producir su imagen con maquillaje ni nada por el estilo. Esta diferencia entre hermanas siempre se prestaba para burlas y humillaciones en tono de sarcasmo por parte de la tía de Fran hacia su madre.
Tía, quien siendo secretamente infértil siempre anheló tener una hija vio en Francisca la oportunidad de trascender como mujer. Criar a alguien a su viva imagen.
Francisca creció entre estos dos polos opuestos y mientras iba desarrollándose su tía se acercó más a ella para enseñarle lo que mejor sabía hacer: sacar partido a su lado superficial y social. Es por esto que desarrollo una fuerte admiración, cercanía y complicidad con su tía y todo lo contrario con su madre.
La madre se daba cuenta del distanciamiento entre ella y Fran a medida que esta iba creciendo y entrando a su preadolescencia. Madre, al ver que perdía a su hija, decidió apelar con amor y consentimiento hacia ella. Fran comenzó a ver en Madre una especie de sumisa sirvienta y siempre se sintió incómoda con ella y sus actos de mamonería. Fran comenzó a evitarla cada vez más y sobretodo en público, se avergonzaba tremendamente de ella y no podía concebir que alguien tan diferente a ella fuera su Mamá, aunque siempre calló lo que realmente sentía hacia ella, Francisca era incapaz de increparla a la cara, nunca daba explicaciones de sus acciones a nadie.
A medida iba creciendo, Francisca se fue convirtiendo en una chica muy atractiva para los demás gracias a las enseñanzas de su tía, cada vez más vieja y decadente. Al igual como le pasaba a su tía, Francisca no era bien mirada por las otras chicas de su edad. Nunca fue humilde con respecto a sus atributos y siempre se encargó de dejarlo en claro. Veía a todas las demás chicas como competencia. Francisca, ante la necesidad de tener “amigas”, se juntaba con quienes eran como ella, bonitas, superficiales y populares. Pero estas amistades siempre estuvieron en constante desequilibrio en el fino cordel de la rivalidad típica que surgía entre ellas en el tema del amor. Nunca tuvo amigas de verdad y nunca se entregó de verdad a la amistad.
Tuvo varios novios durante su adolescencia, a veces se los quitaba a alguna de sus amigas, a veces se lo quitaban a ella o los buscaba entre quienes podrían ser potenciales buenos trofeos frente a las demás. En ese aspecto se consideraba alguien visionaria. Así es como a los 16 años conoció a Pedreros, un chico que se hizo medianamente popular al meter el gol ganador en un partido entre liceos. Durante algunas semanas todos hablaban del talentoso chico y ella alucinada se acercó a el con su objetivo claro: Tener de novio al mejor futbolista del Liceo. Poco le duró el entusiasmo al ver que los éxitos de Pedreros no se repetían, y que principalmente este se comportaba cada vez más como su Madre, ella nunca supo recibir amor de verdad.
Francisca, quien poco a poco se fue horrorizando de su relación con Pedreros decide dejarlo sin darle mayores explicaciones. Olvidándose de él rápidamente para buscar nuevos horizontes en el área de la conquista.
Por otro lado en su casa, su tía ya vieja y acabada ya no tenía la misma suerte de antes, comenzaba a tener más problemas económicos al no encontrar quien la sostuviera. Madre ya se había estabilizado, se sacaba la cresta trabajando en una fábrica y sus años de trabajo comenzaban a rendir frutos, ascendió y cada vez ganaba más. Madre decide postular a la casa propia y dejar de una vez por todas a su hermana. Francisca, ya independiente de su tía decide dejarla sola sin remordimientos e irse con su madre quien era la única que podía sostenerla a ella y a sus ostentosos gastos.
Francisca tuvo pésimos resultados en la PSU, al salir del Liceo se quedó prácticamente vagando. Su madre, con más confianza en si misma y ya con poco amor y respeto por Francisca (Madre siempre sintió la verdad de Francisca respecto a ella) fue capaz de encararla y exigirle aportar a la casa, amenazándola con echarla a su tía si no lo hacía. La obligó a trabajar en cualquier cosa. Francisca terminó trabajando en un McDonald part-time y cursando un preuniversitario. Ella aprendió a valerse por si misma entre sus 18 y 20 años. Ya no le daba importancia a quien tenía alado. Usaba sus técnicas de coquetería con los hombres para fines prácticos, ya no por el hecho de tener trofeos. Gracias a ellos aprobaba bien sus estudios y alivianaba su trabajo en general.
A sus 21 años estalla la guerra entre Chile y sus vecinos. Su madre se devuelve a Lota dejándola a ella en Santiago. Planean juntarse allá cuando Francisca obtenga suficiente dinero para poder sobrevivir mucho tiempo más. Sorpresivamente el enemigo entra en Santiago habiendo millones de civiles aun en la ciudad, entre ellos Francisca. Cortan las rutas hacia el sur y queda atrapada en Santiago. Decide huir sea como sea. Pedreros llega a su casa herido pero con un arma y le ofrece la posibilidad de simplemente “salir de ahí”. Francisca al verlo armado no duda en acompañarle.




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