Pedreros
Pedreros (nombre provisorio) es un joven de 21 años. Se crió en la comuna de Recoleta en Santiago de Chile, de Familia de clase media/baja, nunca resaltó en nada en especial ante los demás. Durante su vida no hizo muchas cosas más que estudiar, practicar fútbol y –en un principio- tratar de encajar entre sus pares, pero siempre le faltó personalidad y chispa para atraer a los demás. El, con el tiempo se daba cuenta de esto, por eso afirma nunca haber tenido amigos de niñez.
Sus padres atendían un bazar familiar en la propia casa, por lo que siempre estaban ocupados atendiéndole. Pedreros los sentía lejanos a pesar de estar tan cerca. Él nunca contó con sus padres, nunca les contó nada realmente personal y nunca les hizo saber las cosas que sentía realmente, las cosas que le pasaban, etc. Sobretodo a su padre quien solía ridiculizar a quienes expresaban sus sentimientos en público. Papá Pedreros, un cínico y austero viejo con 3 matrimonios en el cuerpo, con pasado de galán y actualmente en franca decadencia, sin amigos y sin contacto con ninguno de los hijos de los matrimonios pasados, intentó transmitir sus valores de hombre forjado a la antigua (“feo, peludo y hediondo”). Pedreros recuerda con resentimiento la única vez que intentó contarle a papá el problema de la poca comunicación con sus compañeros, Papá le trata de acomplejado y maricón por preocuparse de esas cosas, sacándole en cara la cantidad de mujeres que él tubo en su vida. Pedreros nunca más volvió a hablar del tema.
Pedreros siempre supo que era todo lo contrario a su Padre y recuerda con rencor las burlas y comparaciones que él hacia entre ellos dos. Pedreros aun así le quería. Todo lo que tenía era gracias a él y a pesar de su edad seguía trabajando duramente para que no le faltara nada. Pedreros cumplía con rendir medianamente bien en lo escolar. Eso era todo lo que su Padre necesitaba saber.
Mamá, una ingenua y torpe señora, quien se casó con una gran diferencia de edad entre ella y su marido, siempre fue solo una testigo en la relación familiar. De raíces humildes y muy cristianas, entregó todo su amor a su único hijo, Pedreros, quien nunca supo lidiar con tanto afecto. Ella en el fondo odiaba a Papá por el trato a veces déspota, tacaño y poco comunicativo que brindaba a ella y a su hijo. Intentó traspasarle sus valores cristianos a Pedreros, pero Papá siempre la obstaculizó diciendo que el tema de la religión era para gente idiota.
Pedreros desde su adolescencia notó fuertemente la ingenuidad y torpeza de su madre, cosa que llegaba al punto de parecerle molesto. Por eso y por efectos de su padre, pedreros nunca pudo corresponder de manera recíproca tal cantidad de amor que ella le brindaba.
Ninguno de los padres nunca supo quien realmente era su hijo. Pedrero nunca les contó en profundidad nada de lo que le pasaba ni de lo que pensaba. Todo lo disimulaba y se lo guardaba para él.
En la preadolescencia el siempre buscó un cariño y afecto por parte de alguien más, el que le daban sus padres no era lo que él buscaba, los chicos y chicas de su edad le decepcionaban profundamente, no soportaba la ligereza con la que se tomaban las relaciones personales. Siempre se llamó a si mismo un romántico, alguien fuera de lugar en una sociedad a la cual no pertenecía. Para aplacar su falta de afecto se dedicaba al deporte, entró al equipo de fútbol de su liceo. Nunca resaltó en esta actividad hasta que a los 16 años se hizo medianamente popular al meter el gol ganador en un partido Inter-escolar. Ahí se le acercó Francisca, una compañera de curso, la única mujer que entraba en su vida demostrando interés por él. Pedreros se enamoró rápido y profundamente. Estuvieron juntos un par de meses, los mejores de su vida. Él se abrió completamente a ella, cosa que nunca había hecho con nadie. Dio su primer beso con ella, pasaban todos los días juntos. Pedreros se ofrecía tiernamente para acompañarla a todos lados, hacía todo lo que ella le pedía. Se volvió alguien muy sumiso intentando demostrar su amor, tal como su madre lo hacía con él. Ella cada vez se fue comportando más distante de él mientras él más intentaba acercarse. Francisca, sin dar mayores explicaciones, lo dejó por extraños motivos que el nunca entendió. De ahí en adelante su mente se obsesionó por averiguar el motivo de esta ruptura que le había despertado del sueño de la relación. Pedreros nunca más tuvo una relación con alguna mujer
Vivió su último año de liceo intentando sacarse de la cabeza a Francisca a quien veía todos los días en clases. No se volvieron a hablar después de la relación. Pedreros entraba en trances de furia y dolor interno al ver a su ex novia con otros chicos. Solo quería salir del Liceo y no verla nunca más.
Se volvió alguien aun más melancólico y la distancia entre él y sus pares aumentó considerablemente, el mal que Francisca provocó en él le llevó a generalizar a gran parte de las mujeres y a odiar a todo hombre que pudiera haber sido el culpable de su ruptura, abandonó el fútbol, ahora con el corazón roto miraba atrás y veía lo estúpido, lo ingenuo y lo Macabeo que había sido con Francisca. Sentía como las palabras de su padre tomaban más fuerza de razón y de cómo su comportamiento se asemejaba cada vez más a la de su madre. Él decidió abandonar a la fuerza los sentimientos en stand by que aun guardaba por Francisca y hacer todo lo posible por tener más carácter sentimental. Comenzó a valorar más el amor que su madre le daba y a acercarse más a su padre.
Poco antes de salir del liceo sus padres mueren en un accidente, Pedreros queda solo y tratando de sobrevivir a sus 18 años. Sus tíos, a quienes había visto pocas veces en su vida se le acercaron y le acogieron. Pedreros quedó consternado por la muerte de sus padres, nunca se perdonó a si mismo haber empezado a acercarse a ellos tan tarde, comenzó a pensar en todas las cosas que nunca hizo y que de verdad quería hacer. Tomó las riendas de su vida y buscó trabajo sin mucha suerte. Pronto sus tíos comenzaron a presentar molestias de tenerlo, la crisis económica encarecía tremendamente la vida y estos no tuvieron reparos en hacerle ver que su estadía con ellos debía terminar.
Asqueado por la situación, Pedreros decide irse y entrar de voluntario al ejército, un lugar donde quiere empezar de nuevo. En su primer año conoce a verdaderos amigos, desarrolló relaciones de compañerismo y amistad que le recordaban a la familia que perdió. Al segundo año Chile entra en guerra con sus 3 vecinos limítrofes y se le destina a la defensa del sector norte de Santiago. La única motivación de pelear que tuvo fue la de estar siempre con sus amigos, defenderse los unos a los otros y tratar de salir vivos. Pedreros entra en combate los primeros días de Octubre tratando de defender Vespucio Norte. Sus amigos mueren uno tras otro a medida que avanza el tiempo. Pedreros va quedando solo y se reencuentra con fantasmas del pasado: La pérdida y las cosas inconclusas que podría dejar. Él siente todo el peso de la desesperanzadora situación, No cabe duda que perderá la guerra, se da cuenta de la fragilidad de su vida y entra en crisis al quedarse solo, mira atrás en su vida y la gran deuda que dejó Francisca reaparece con gran fuerza dentro de él. Encontrarla se convierte en su única cuenta pendiente.




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